Para Iván Mejía, Falcao es un ‘Ex Futbolista’

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«Qué pena, yo quiero mucho a Falcao pero me parece que es un exfutbolista. Él tendría que pensar en dejar de ganar millones y millones para su iglesia » ( Iván Mejía Álvarez )

La arrogante e impúdica lengua del periodista deportivo Ivan Mejía Alvarez no conoce los límites del respeto y el decoro. Su acre y acerbo temperamento, producto de una cáustica mixtura colérico-sanguínea, lo lleva incluso a estados de incoherencia febriles donde solo el Alzheimer haría explicable sus camaleónicas posturas de verdugo y redentor.
Cocinado por años y años en los hervores de su doble moral periodística ha logrado hacerse un lugar en la audiencia nacional que en un gran porcentaje expoliada por el morbo, se expone a los comentarios impíos, peyorativos y en muchos casos lúbricos de Mejía cuando se trata de hacerle una disección a los cuerpos de esposas de futbolistas o de modelos famosas. Su papal infalibilidad le lega patente para bendecir y maldecir sin ambages a quien caiga bajo la mira de su ególatra sentencia.

Da pena y causa escozor escucharlo referirse a los violentos que rondan el fútbol, o censurar a los que de ésta misma estirpe golpean al país, cuando en su lenguaje ufano, brutal, feroz e impulsivo está magnificada una violencia discursiva peligrosa y que hace mella en la mente frágil de masas alienadas. El país, desde distintas vertientes, así sea en calzas prietas quiere educarse y concertarse en algo tan añorado como La Paz. No obstante, el lenguaje de Mejía es el de un desadaptado que no ha sabido otear la común necesidad de un país como el nuestro, que en todas las instancias y espacios, – No sólo en el monte – requiere adaptar su actitud hacia este anhelo.

En esa Corrosiva diatriba de Ivan Mejía cayó Radamel Falcao García, uno de los futbolistas colombianos mayormente superlativos de los últimos tiempos; caballero dentro y fuera de las canchas y venido a menos por la lesión que lo alejó del mundial de Brasil 2014 y otras que le sobrevinieron en su afán de recuperación.

Si bien es cierto el nivel de Falcao llegó a ser ínfimo como lo calificó el periodista , uno de los exabruptos más colosales en la boca de éste fue catalogar al jugador samario como » ex futbolista «. Yo no sé si Falcao volverá a poner una rúbrica tan fina como la que inscribió en el pasado con la selección. Ojalá. Tampoco sé si su evidente recuperación con el Mónaco le permitirá a él y a sus compañeros de selección abrazar el sueño de jugar el mundial de Rusia. Más allá de estas eventualidades para el caso medular que nos ocupa la verdad monda y lironda es que Radamel Falcao sigue jugando al fútbol profesional en una liga donde solo tarados y orates contarían en la nómina de sus equipos con un «ex futbolista «; y que la insidiosa afirmación de Mejìa, visceral, pasional y desenfrenadamente irresponsable, constituyó en su momento un insulto a una de las figuras más ilustres del fútbol colombiano. Su falta de respeto, su procaz descalificación y la violencia con que atosiga sus disquisiciones periodísticas fueron más allá al irrumpir en los terrenos de la fe cristiana del jugador para sembrar cizaña e insinuar que la » avaricia » de Falcao lo impele a irse a ganar dinero para nutrir las cuentas bancarias de su iglesia; Cosa que si fuese comprobable solo pertenecería al fuero propio de Falcao y de nadie más. Cosa por demás distante a la incumbencia de Mejía.

Ahora anda llenando de elogiosos epítetos a Falcao por su frecuencia goleadora con el Mónaco y exaltando la perfomance futbolística del samario. Su abrasivo cinismo, tan obeso como él mismo, no le permite alertar su conciencia del despropósito con que ha obrado en contra de la persona y del futbolista. Si, no hay duda. Padece un Alzheimer selectivo.

Por: ( Alexis Díaz – Periodista )

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